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Leyendas de Teruel

Los amantes de Teruel (según una de tantas turolenses)

Voy a intentar no olvidarme de ningún detalle, si se me olvida disculparme, alla voy.

En tiempos medievales, en Teruel,habia una familia muy rica la familia DE SEGURA, y una bastante pobre Martinez de Marcilla, pues bien, como William Shakespeare relató con su Romero y Julieta, Harzembusch relató la Leyenda e historia de los amantes de Teruel.

En Teruel habían 2 enamorados importantes, los protagonistas de esta historia, Isabel de Segura y Juan Diego Martinez de Marcilla, ella procedente de una familia rica y él por desgracia de una familia bastante pobre. Se  cuenta que mantenían su amor a escondidas y que se veian por las noches escondidos en los muros de casa de Isabel...

Un día fueron descubiertos por el padre de Isabel y le hizó una proposición a Diego de Marcilla, debería ir a la guerra a conseguir dinero para poder casarse con ella. Isabel lloró y lloró pues el plazo máximo ofertado por su padre era de 5 años...

Pasaron los 5 años y el padre de Isabel organizó una boda con otro hombre, Pedro de Azagra, al llegar a Teruel subía con su burra Juan Diego y empezó a oir campanas de boda, entonces le hizó correr a su burra con sus palabras "Anda quilla anda".

Al llegar se encontró con que Isabel se habia casado obligada con otro hombre y tenia que cumplir como mujer. A la noche fue a casa de Isabel pidiéndole un último beso, Isabel  se negó y allí se desplomó al no recibir el beso de su amada...

Al día siguiente llego el funeral donde Isabel iba de incognito vestida de negro, cuando lo iban a enterrar ella se acercó y le dió el beso que Diego hubiera deseado tanto en vida...Isabel se lo daba en su muerte...quien iba a imaginar que dos Jóvenes tan enamorados, podrían morir al separarse,pues así ocurrió, Isabel se desplomó sobre el cuerpo de Juan Diego al entregarle su último beso...

Los enterraron Juntos, y hay un monumento de ellos, que da un significado importante, si os fijaís en la foto que tengo en la otra leyenda de los amantes de teruel veréis que las manos estan casi juntas y con un rosa en medio...imagino que sabréis lo que significa, que en vida no puedieron estar juntos pero en la muerte lo están...

bonita historia verdad??pues las fiestas de medievales de Teruel es lo que representa...así que os animo a que el proximo año, para que vengaís y disfruteis de la recreacion de la historia

Leyendas de las torres mudéjares

Leyenda: Dos torres por Zoraida

Omar y Abdalá, alarifes mudéjares, fueron elegidos a principios del siglo XIV para construir, respectivamente, las torres de San Martín y del Salvador. Un día, cuando caminaban juntos por Teruel, puesto que eran amigos, divisaron en una ventana a una hermosísima joven, de la que ambos quedaron enamorados.

La amistad se convirtió en odio debido a la rivalidad por Zoraida (así se llamaba la muchacha), y tanto Omar como Abdalá fueron, por separado, a hablar con Mohamed, padre de la destinataria de su amor. Ante el dilema y la indecisión de la joven, el progenitor decidió que otorgaría la mano de su hija a aquel que acabara antes su torre, siempre que reflejara a la perfección la belleza del proyecto
.
Omar comenzó las obras de la torre de San Martín y Abdalá las del Salvador, tapando ambos sus trabajos con andamiajes que ocultaran su evolución. Se establecieron relevos, incluso a las horas de comer, y organizaron turnos de noche, burlando la vigilancia policial. El amor por Zoraida empujaba a los dos a realizar todo lo posible para acabar antes que su respectivo contricante.
Un día, Omar anunció el término de sus obras. La población turolense se concentró a los pies de los andamios que cubrían la nueva torre de San Martín. El alarife ganador, con aire triunfal, ordenó que se destapara su trabajo. Poco a poco, las gentes iban contemplando embelesadas los bellos azulejos y ajedreces que decoraban la construcción. Sin embargo, cuando la torre estuvo descubierta por completo, Omar lanzó un grito de angustia: en lugar de erguirse recto, el edificio estaba ligeramente inclinado. El orgullo del que se veía ya junto a Zoraida se tornó en desesperación, y frente a toda la ciudad, el alarife ascendió a la torre y se lanzó al vacío, prefiriendo la muerte a una vida sin amor y sin honor.
Pocos días después, Abdalá terminó su obra y ganó la mano de Zoraida, poniendo fin de este modo a la historia de las torres de San Martín y el Salvador de Teruel.

Torre de San Martin vista desde la torre del Salvador.

Paño de una pared de la Torre del Salvador.

Entrada a la catedral.

Torre de San Pedro.

 

LOS AMANTES DE TERUEL

Son Juan Diego Martínez de Marcilla e Isabel de Segura. Eran dos jóvenes de las principales familias de Teruel; pero ya fuese por las frecuentes desavenencias entre familias rivales, ya fuese por razón de la limpieza de sangre (ser cristiano viejo), que entonces se miraba mucho, el caso es que los padres no estaban de acuerdo con esos amores. 

Y como ocurre también en todas las leyendas de este género, puesto que son copia de la única realidad que entonces imperaba, los padres de Isabel decidieron casar a la moza para no dar lugar a que creciese aquel amor inconsentido. 

 

Fue señalado el día de la boda y Juan Diego sintió la necesidad de despedirse definitivamente de su amada. Escaló la tapia del jardín como era costumbre, y lo hizo a la medianoche, que es cuando mandan todas las leyendas. 

 

Tras los requiebros amorosos propios de la ocasión, don Juan Diego le pidió una prenda de amor a su amada: UN BESO, dice la leyenda para no quitarle un ápice de romanticismo a este amor. 

 

Casta y obediente a la voluntad de sus padres como era Isabel, se lo negó, bien que su corazón le pedía aquello y mucho más. Aquella negativa fue más fuerte que el corazón lacerado del infortunado don Juan Diego: se le borró el mundo de la vista, quedando en sus pupilas la dulce y atormentada imagen de su amada, y cayó allí mismo desplomado. Al entender su corazón que nunca más podría latir para Isabel, prefirió dejar de latir para siempre. 

 

La noche se convirtió en alboroto. Corrió la voz por toda la ciudad de Teruel y se iluminaron sus ventanas con la luz de los candiles. El día siguiente la familia de don Juan Diego Martínez de Marcilla estaba llamada a funeral en la iglesia catedral, y dos horas más tarde, en la misma iglesia estaba llamada a boda la familia de Isabel Segura. 

 

A la infortunada amante, perdida en el delirio del amor perdido, y condenada a amar a quien no la amaba, los pies la condujeron con determinación hacia el funeral prohibido. Se acercó al catafalco a contemplar a su amor. Y al ver aquellos labios aún abiertos pidiéndole el beso que le negara unas horas antes, no pudo resistirse a esa última petición callada de su amado, u postrándose junto a él le dio el beso de despedida. 

 

El beso de Isabel fue de los que resucitan a los muertos. Pero ¡ay!, le faltó a ella el aliento para sobrevivir a aquella explosión de dulzura y amargura. Su corazón estaba ya tan malherido que sucumbió a la violenta sacudida de aquel beso. 

 

Maravillados los asistentes de la duración de aquel beso, quisieron levantar a la infortunada amante de don Juan Diego, pero el beso la había transportado a la eternidad. La familia de Don Diego se doblegó a la violencia de aquel amor, tendieron a Isabel junto a su amado, celebraron por ambos el funeral, y juntos fueron sepultados para eterna memoria de aquel amor y para aviso de padres que cierran los ojos y el corazón al amor de sus hijos. 

 

Esta es la leyenda de LOS AMANTES DE TERUEL, por la que se conoce a esta ciudad más que por ninguna otra cosa. Pero es éste un hecho tan repetido en la historia de nuestra doliente humanidad, que en todos los casos se cuestiona la veracidad y la originalidad de la leyenda. Es el corazón humano el que está puesto en ellas, y ese sí que es verdad, una verdad que se encarna en distintos lugares del mundo y en las más diversas leyendas cuyo denominador común es siempre el mismo: LA FUERZA DEL AMOR. 

 

Los estudiosos de esta leyenda apuntan a que se parece mucho a uno de los cuentos del Decamerón de Boccaccio, que a su vez es recopilación de una leyenda anterior. Es una prueba más de la constancia del corazón humano y de la fe que tiene la humanidad en el AMOR. 

 

La leyenda de LOS AMANTES DE TERUEL ha sido reescrita más de 20 veces por plumas tan prestigiosas como la de Tirso de Molina, que la han llevado a la poesía, a la novela y al teatro. Y como broche de oro, el maestro Tomás Bretón la elevó a la dignidad de la ópera: inspirada en la obra de Harzenbusch, con libreto del mismo maestro Tomás Bretón y dividida en cinco actos, se estrenó en el Teatro Real de Madrid el 12 de febrero de 1889. 

Mariano Arnal

 

EL TORO Y LA ESTRELLA*

 

El toro y la estrella son un símbolo muy antiguo, el cual apareció en monedas de varias ciudades españolas acuñadas en época romana.

La tradición cuenta que en el siglo XII, durante la Reconquista, el rey Alfonso II tras tomar varias plazas importantes, siguió por la ribera del Martín, y al llegar a lo que ahora es TERUEL, partió a su ejército para enfrentarse a rebeldes en las montañas de Prades, quedando el resto de sus guerreros en las llanuras de CELLA, con órdenes de permanecer a la defensiva.

 En este punto es donde se confunden historia y leyenda, pues los guerreros desobedecieron las órdenes del rey, y siguieron a un toro bravo al que le iba siguiendo una estrella desde el firmamento, pues lo habían visto en sueños premonitorios. Señal que según ellos, marcaba el sitio donde establecer una nueva población. Así, tomaron la fortaleza de Teruel plantando su estandarte en la plaza conquistada.

Este hecho, se encuentra representado en uno de los cuatro cuarteles del escudo de Teruel, con un toro que lleva encima una estrella.

Por otra parte, según la etimología de Teruel, el antiguo Turba o Turbana, proviene de dos palabras hebreas, "thor" y "bat", que significan "lugar del toro".

Según dicen ancianos de Teruel, la famosa "Plaza del Torico" se llama así porque es donde el toro paró a mirar la estrella, por ello esta representado, con la columna y la fuente con los 4 chorros en forma de cabeza de toro, y arriba de la columna el toro mirando hacia la estrella.